09 diciembre 2014

ESTÚPIDA HOMOFOBIA

Ojito a la deleznable frase:

“Nos dijo que esas cosas no se podían hacer así. Que había niños delante”.

Bien, entonces, ¿cómo se hace? ¿Cómo hace uno una muestra pública del amor a su pareja? O quizás… ¿quizás no se pueda?

Según leo en EL PAÍS, eso fue lo que le dijo un vigilante de seguridad, a instancias de dos familias ofendidas por el acto en sí, a una joven pareja gay en un restaurante de comida rápida de Madrid, que decidió dar muestra de su cariño, de su amor, con un beso (me da igual si con lengua o solamente un pico, un beso. Punto, como el que yo mismo le pueda dar a mi mujer)

Quizás, si hubiera sido una pareja heterosexual no hubiera pasado nada malo, o quizás sí, puede ser, ya que sigue existiendo gente de pensamientos rancios y anacrónicos que creen que mostrar cariño en público es impúdico y ofensivo, gente que seguro que no lo vería bien ni estando en casa delante de otra gente. En ese caso no solo estamos hablando de homofobia, sino también de estupidez, aunque la homofobia ya sea una muestra de estupidez máxima.

Recuerdo que hace años, (no tantos, no se crean, no hará más de siete u ocho) incluso a mí y mi mujer, por entonces aun novios, al darnos un beso a las puertas de la boca del metro para despedirnos, un hombre, al pasar a nuestro lado nos espetó la manida y ti(ó)pica frase “idos a un hotel”. Nos reímos, claro, pero el problema es que esa gente existe, y es gente que vive en un pasado lleno de prejuicios y conservadurismo más ofensivo que un simple beso, muestra de amor, de cariño.

Me pregunto cómo mostraran esas familias a sus hijos el amor que se profesan sus progenitores, si serán capaz de besarse delante de ellos o delante de más gente, o son de esos que no pueden soportar que otras personas tengan su propia libertad (el consabido libre albedrio) para poder expresar sus sentimientos.

Seguro que estos son los mismos que, como ha pasado recientemente en el reino unido, se escandalizan por ver a una madre dar de amamantar a su hijo en público, otra muestra de cariño, de amor tan grande, o más, como la de un simple beso.


El problema es que esto es solo la punta del iceberg, esta muestra de homofobia es la que en un futuro lleve, quizás, a esos hijos, a agredir a una pareja que vea haciendo lo mismo a las puertas de la disco a la que vayan al grito de “fuera de aquí maricones” como ya ha ocurrido.

Claro, que teniendo en cuenta que sigue habiendo gente que siga catalogándolos como peras y manzanas, o que piense que no tienen los mismos derechos que cualquier otra persona de este país, mal nos irá.

Volviendo al artículo, entiendo la reacción de la joven pareja. Quizás, si hubieran tenido más años, les hubieran ignorado, o incluso vuelto a besar delante de ellos.

También me parece perfecta la defensa que hicieron de ellos la gente que había en el local, y me parece de cine la respuesta de la masa social, y de los trabajadores del local en la concentración (aunque solo fuera por aparentar) de la semana siguiente (el pasado sábado)

“Nos dijo que esas cosas no se podían hacer así. Que había niños delante”.

Señores míos, lo que no se puede hacer así, porque hay niños delante, es ser un discriminador de tal calibre, porque se empieza así, y se acaba dando palizas a los que ves hacer esas cosas que a tu nublado juicio, no están bien

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