17 septiembre 2010

BOSE



Nunca he sido un fan acérrimo de Miguel Bosé, aunque siempre me han gustado algunas de sus canciones (obviamente, Bandido, Sevilla, o Nena entre ellas) nunc a me había arrastrado a un concierto suyo hasta que conocí a mi pareja, fan de Bose, pero que tampoco había ido a ningún concierto, y juntos fuimos al que dio en el Palacio de los deportes de Madrid para su gira Velvetina, disco horrible pero un gran espectáculo sobre el escenario en directo; y es que fuera de que no sea un compositor con talento, ni un letrista maravilloso - pocas canciones suyas son de las que yo digo se tienen que escuchar, no solo oír (quizás se salven Partisano o el hijo del Capitán Trueno) - sabe muy bien qué tipo de producto vende y como venderlo.
Hasta el de ayer, había ido a dos conciertos más de Bosé, ambos de la gira Papito, sumando el de Velvetina, los tres habían sido bastante buenos, teniendo en cuenta que Bose es Bose y que uno va a ver lo que va a ver, a un gran artista, pero un gran divo también.
El de ayer fue una decepción, no por la puesta de escena, que siempre es excelente, si no por el terrible sonido y por un repertorio bastante mediocre, y la demostración de que Bose necesita ya empezar a reiventar su forma de (auto)venderse, porque aunque ayer lo intentó exageradamente – operado y maquillado hasta la saciedad – no podrá ser eternamente joven.
Bose sabe que el 90 por ciento de su público son del género femenino, y que abarcan edades amplias, aunque la mayoría los veinticinco no los cumpla ya, salvo muchas por segunda vez, osea, entiéndase, cincuenta. Sabe muy bien que vende más sobre el escenario, moviéndose y contoneándose para ellas – o adelgazando ventidos kilos, haciéndose la cirugía estñetica y maquillándose hasta el exsceso, como salió ayer -- que componiendo canciones con mensaje, porque Bose es un artista pop del espectáculo, por eso sabe que tiene que cuidar más su imagen de lo que puedan hacer artistas que no son pop y venden no solo por su espectáculo (esta en cursivas porque es distinto espectáculo) si no porque son además letristas con talento, compositores como pocos, gente que sabe que sus discos son comprados y escuchados, no solo oídos, y que adoran prácticamente cada estrofa de cada canción descubriendo joyas relucientes e inmortales casi en cada una de ellas.
La mayoría de este otro tipo de artistas son gente más cercana a la canción de autor y melódica que al pop, gente que no se preocupa en parecer siempre altos, guapos, esbeltamente delgados, elegantes, jóvenes y estar rodeados de otros tantos músicos y corsitas altos, delgados, esbeltos… etcétera. Son gente que se conforma con tener a su lado a un Pancho Varona, a un Javier Molina, un Ricard Miralles… Gente que le da igual no saber venderse, que no le importa no moverse y contonearse en un escenario para poder ganarse el público histérico de sexys contoneos, son gente como Sabina, Serrat, Hombres G (estos tienen algunas canciones más con mensaje que bose, pero no muchas, pero saben venderse muy bien, aunque de forma más canalla que sensual) Estopa, Alejandro Sanz (este sabe venderse de todas formas, es buen letrista, buen compositor, y sabe como encandilar desde el escenario), Aute, Perales… Etcetera. No son gente que necesite tanto de su cuerpo, su figura y su apariencia para venderse como de su arte y estilo, de sus composiciones. Uno no se imagina a Sabina junto a Pancho Varona y De Diego maquillados absurdamente hasta la saciedad tras operarse la cara y hacer una dieta bestial para poder encandilar al público, les basta con salir al escenario y cantar dos canciones para tener al público embelesadamente entregado a ellos, y tener a alguna – a ver, fanáticas histéricas las tienen todas – decirlas que quieren un hijo suyo.
Lo dicho, Bosé sabe venderse, eso le engrandece como showman, como artista de espectáculo, ayer volvió a demostrarlo con un espectáculo musical roquero, demasiado pues fue, en mi opinión, el culpable del malísimo sonido, luminoso, contoneante y bailón – los chicos de Fama Revolution cerraron el concierto con un remix de la canción Cardió realizado por un DJ – que no bastó para gustarme como otras veces, aunque siempre queden Bandido o Sevilla.
Miguel Bose es un gran artista, pero uno no se lo imagina con dentro de ocho años, con sesenta y dos, -- edad de Sabina ahora -- sobre escenarios vendiéndose como hacer ahora, con contonoeantes y sugerentes movimientos, cara tersa y sin arrugas, maquillada hasta la saciedad y sensuales y sexys coristas a su lado de guardianes. Esperemos que encuentre, pronto, otra forma de venderse en los conciertos. Lo dicho, esperaremos a ver en que evoluciona, por lo pronto, ayer. Me decepcionó, aunque seguro que a muchas de ese abanico de edades de sus admiradoras, no, y ya están deseando volver a verle sobre el escenario tan provocativo como siempre.
No hace falta caer en el insulto y la mofa barata como el crítico de El mundo Quico Alsedo, al que ya he criticado más de una vez por sus comentarios sobre otros artistas, ni insultar o usar a colectivos como el homosexual, para decir que el concierto no te gusta. Además, a este tiparraco se le nota que no le gusta Bosé, pero va a verle para hacer mofa y escarnio después de él. Eso puedes hacerlo sin verle, como yo con Belén Esteban, por ejemplo, pero el ir a verle, denota un ejercicio de masoquismo tan estúpido que le resta credibilidad.
En fin, RESUMIENDO, que aunque iré a verle, por lo menos, al próximo concierto para ver si sigue vendiendo igual que antes de Cardio, yo, me quedo con Sabina, que no es tan alto, tan guapo, ni sus acompañantes – salvo Marita Barros, su nueva dualidad femenina – lo son, pero ellos saben también venderse, y no necesitan de su eterna juventud para hacerlo, les basta con salir al escenario con un puñado de grandes canciones con grandes letras, o con gente como los Hombres G, que sin necesidad de tener grandes letras, sin necesidad de ser guapos altos y esbeltos ( ni tener chicas sobre el escenario) les basta con ser tan canallas y hacérnoslo pasar tan de puta madre como cuando empezaron. Ellos, tampoco saben envejecer, al menos en el escenario, donde siguen siendo unos canallas adolescentes deseando fiesta, tabaco y cerveza, pero lo llevan mejor.
Perdón por el discurso.
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