18 agosto 2006

A LA SOMBRA DE UN LEON


Llegó
con su espada de madera y zapatos de payaso
a comerse la ciudad.
Compró suerte en Doña Manolita y al pasar por la Cibeles,
quiso sacarla a bailar
un vals como dos enamorados y dormirse acurrucados a la sombra de un león.
"¿Qué tal? Estoy sola y sin marido.
Gracias por haber venido a abrigarme el corazón."
Yesterday, a la hora de la cena, descubrieron que faltaba el interno 16.
Tal vez
disfrazado de enfermero
se escapó de Ciempozuelos con su capirote de papel.
A su estatua preferida
un anillo de perdida le guindó en El Corte Inglés.
Con él en el dedo, al día siguiente,
vi a la novia del agente que lo vino a detener.
Cayó como un pájaro del árbol
cuando su abrazo de mármol
le obligaron a soltar.
Quedó un taxista que pasaba
mudo al ver cómo empezaba
la Cibeles a llorar
y chocó contra el Banco Central.
(Joaquin Sabina - Bardagi)
Publicar un comentario